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miércoles, 17 de junio de 2020

Diez años sin Ginarte


El 7 de junio se cumplieron diez años de la partida de Jorge Ginarte. A modo de sencillo homenaje, transcribo una anécdota que no pertenece a su paso por Temperley, pero que en mesas de café compartidas en el Bar Gandulfo, él mismo se divertía contándola cada vez que tenía oportunidad. Le di un estilo de cuento y la titulé "Tacto rectal".



Tacto rectal

         “El tacto rectal es una exploración médica útil para el diagnóstico o para la detección precoz de algunas patologías de la región pélvica. Consiste en la exploración de las estructuras anatómicas que forman el aparato genitourinario y digestivo inferior tanto de hombres como de mujeres, mediante la palpación digital realizada introduciendo un dedo a través del esfinter anal”.

         Los lectores se preguntarán que tiene que ver esta definición, extraída de un libro de medicina, con la historia del fútbol, más allá del uso que el humor criollo le ha dado en distintas oportunidades para graficar el triunfo de un equipo sobre otro. Lo que sigue es una anécdota que acabará con ese interrogante.

         Banfield y Los Andes jugaban una edición más del clásico sureño, en la cancha de Peña y Arenales. El trámite del partido era favorable al Taladro, que se había colocado arriba en el marcador con un gol convertido por Cazalbón. El dominio del local era casi absoluto. Los Andes se defendía con guapeza y esperaba una jugada salvadora que le permitiese soñar con un empate. En el último minuto del partido, el Milrayitas tiene un tiro libre a favor. Se ejecutó la pena con un centro al área. La pelota en el aire buscaba alguna cabeza que la impulsace o la rechazace. Varios jugadores saltan al unísono para impactar el balón. Uno de ellos es el Mono Obberti que alcanza el objetivo y convierte el gol. Detrás del delantero saltó Ginarte, defensor de Los Andes, quien terminó enredado en los piolines del arco contrario, de cara a la tribuna banfileña, gritando el gol en un loco festejo.

         Detrás del arco vencido, un pibe mascullaba bronca. Durante mucho tiempo recordó ese punto perdido sobre la hora y el rostro del defensor lomense festejando lo que unos instantes previos era una derrota segura.

         El pibe creció y se recibió de médico. Decidió que su especialidad sería la urología. Muchos años pasaron hasta que el destino quiso que Jorge Ginarte fuese paciente del Dr. Héctor Marchetta. La consulta médica dejó paso a la práctica imprescindible que el urólogo debe realizar a sus pacientes: el tacto rectal. Mientras el galeno procede con la técnica descripta al comienzo de la nota, exclama:

- ¿Te acordás de aquel partido que nos empataron sobre la hora?
  ¿Sabés cuánto hace que te estaba esperando?           

         Para Ginarte se sucedieron las imágenes como en una película: la cancha, las tribunas repletas de gente, la pelota volando hacia la red, el grito de gol viajando en el tiempo, mientras el recio tiempista permanecía quieto, de espaldas a su examinador, quien lo estaba dejando sin invicto.

         Cosas del fútbol y de la vida.

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El escritor y periodista Carlos Algeri -quien lo entrevistó hace unos años- así lo recuerda:

"El día que hablé con Ginarte recuerdo que él estaba feliz porque esas entrevistas, por definición, excedían el tema del fútbol. Me habló de su gusto por las rancheras mexicanas, se sacó fotos con su hija pequeña. Me abrió las puertas de su casa cerca del Parque de Lomas con una humildad y generosidad que no olvidaré. Supongo que por dos motivos: porque era un gran tipo, y porque de movida le manifesté mi fanatismo celeste.
¿Podés creer que, a partir de ese día, cada vez que me cruzaba en una cancha, Ginarte me saludaba con un apretón de manos o una sonrisa a la distancia? ¡Qué bárbaro!
Cuentan que cuando Los Andes ascendió a la A en el 2000 y en el vestuario los jugadores cantaron contra nuestro club, les pidió que se callaran. "Con Temperley, no", habría dicho el querido Gordo. Un jugador, un entrenador y un tipo de los que cada día quedan menos.


jueves, 10 de junio de 2010

Jorge Ginarte

El lunes 7 de junio, por la tarde, se fue Jorge Ginarte. Un destacado zaguero en su etapa como futbolista y un maestro de entrenadores, reconocido por sus pares. Los Andes y Temperley se unen por un rato en el recuerdo de un grande del ascenso. Adios a un amigo.


Ginarte se inició en la quinta división de Temperley, de la mano de Daniel Sixto. Debutó en la primera del Celeste el 21 de mayo de 1960 enfrentando a Almagro, en cancha de Vélez. Ganó Temperley por 3 a 1. Jugó 48 partidos en Temperley entre 1960 y 1962. Con la camiseta Celeste se  desempeñó  como centrohalf. Al año siguiente fue transferido a Huracán. 

Su pase a Huracán

El Colorado Giúdice le preguntó si se animaba a jugar de marcador central -debido a que de Nº 5 cubría el puesto con Sebastián Viberti- y Ginarte aceptó. Fue transferido a Huracán después de un partido amistoso en el que el presidente del club de Parque Patricios, Luis Seijo y Manuel Giúdice, director técnico del Globito, quedaron impresionados por su juego.
Huracán obtuvo el pase de Ginarte a cambio de una importante suma de dinero y la transferencia de dos jugadores a Temperley.
Se arregló todo de palabra entre los directivos de ambas entidades y en un segundo amistoso -con Ginarte jugando para Huracán- un grupo de hinchas de Temperley presionó para retenerlo en las filas celestes. Seijo se entrevistó con algunos directivos mientras que en el hall de la sede social se iban caldeando los ánimos entre los hinchas y algunos miembros de la comisión directiva.
Luego de una larga discusión el presidente de Huracán accedió a ceder a otro jugador. De esta manera fue incorporado a la negociación el delantero Omar Diéguez, quien pasó a Temperley y se convirtió en una de sus figuras más recordadas y queridas. 

En el Club de Parque de los Patricios se desempeñó durante cinco temporadas en el puesto de marcador central. A su firmeza y eficiencia para la marca le sumaba una buena técnica con la  pelota en los pies, lo que le valió la convocatoria de Juan Carlos Lorenzo para la preselección con vistas al Mundial de Inglaterra.


En 1968 llegó a Los Andes cuando los Milrayitas ascendieron a primera. Durante las tres temporadas en las que actuó en primera división, formó una dupla de hierro junto a Alberto Cardacci, que también lo acompañó en su primera etapa como técnico. 


A principios de 1969 Racing Club lo solicitó, en préstamo, para una gira de partidos amistosos por Europa, en reemplazo de Roberto Perfumo, quien estaba jugando para el seleccionado nacional.  


 Temperley 1962
Parados: Ayude, Fiorio, Ginarte, Julio, Civrán, Romero y Mario Boyé.
Agachados: Minitti, Demarco, Calabró, Borella y Cambiasso.

Una anécdota con Pizzuti

Durante uno de los partidos de la gira con Racing, el DT de La Academia Juan José Pizzuti, le sugirió que "no se tirase tanto" para marcar a los rivales. Ginarte, que jugó un partido en gran nivel, no le hizo caso y "barría" continuamente en cada pelota dividida. Al terminar el encuentro, cerca del tunel y camino a los vestuarios Pizzuti se le acerca y le pregunta: ¿se acuerda lo que le dije, que no se tirara tanto?

En 1971 pasó a Pachuca, de México en donde brilló durante tres temporadas con el apodo de "La Barredora" por tirarse al piso para robarle con limpieza la pelota a los delanteros y en el mismo movimiento, levantarse y salir jugando. 


El futbolista le cedió el lugar al entrenador y de vuelta en nuestro país alternó su actividad comercial con la de técnico. Para ello, volvió a su primer amor, El Celeste. En 1974 armó el equipo que ganó la Zona Sur del Torneo Preparación y obtuvo el derecho a disputar el ascenso a Primera División, galardón que Temperley obtuvo mientras era dirigido por Roberto Iturrieta. 


Aquel partido con Unión

En la última fecha del Torneo Preparación, Temperley debía enfrentar a Unión en el siempre difícil reducto del equipo Tatengue. Obtenida la ansiada clasificación en la fecha anterior, el empate le permitía a los Celestes finalizar primeros. El partido fue difícil, pero equilibrado y finalizó empatado sin goles. Los jugadores de Temperley dieron rienda suelta a su alegría y ensayaron una vuelta olímpica. En las adyacencias del estadio, un grupo de violentos incendiaron el omnibus que había trasladado a los hinchas de Temperley, los que tuvieron que volver en el rodado en que viajaba el plantel. 


Dirigió a Los Andes en nueve oportunidades y su máximo logro fue el ascenso a primera en la temporada 1999/2000. Pasó por varios clubes y en todos dejó su impronta de seriedad y jerarquía: El Porvenir, Almirante Brown, Lanús, Colón e Instituto (con los que disputó finales por el ascenso), San Martín de Tucumán, Atlanta, Belgrano de Córdoba, Gimnasia y Tiro, Atlético de Rafaela, Almagro, Defensa y Justicia y Sarmiento de Junín. 



Diez días atrás, estuvimos tomando un café en el Bar Gandulfo, frente al hospital. Estaba entusiasmado como un chico, esperando cerrar trato para dirigir a Español. No pudo ser... Hacía más de un año que la estaba peleando mano a mano con el cáncer, midiéndolo para sacarle limpia la pelota, como el gran tiempista que fue. Sin embargo desde donde esté, seguirá barriendo a los delanteros, se levantará y saldrá jugando. 

Chau Jorge.


Historia del Club Atlético Temperley. Marcelo Ventieri
Colaboración de Pablo Varela y José Burges
www.clublosandes.com