miércoles, 2 de septiembre de 2020

Memorias Futboleras



          Juan Antonio Ventieri -mi papá- nació en José Mármol el 3 de agosto de 1920 y desde temprana edad manifestó pasión por escribir. Avido lector de temas filosóficos y de historia argentina.


          Cultor de nuestras tradiciones, a través de las cuáles conoció al Dr. Samuel Tarnopolsky, autor de varias obras referidas a indios y curanderos, entre otros temas. Amante del lunfardo y dueño de una memoria prodigiosa.
          Ferviente admirador de Jorge Luis Borges con quien compartía el cariño por Adrogué, su historia y sus personajes, retratados a menudo en la obra del gran escritor.
          Durante 40 años trabajó en Cartuchería Orbea y en Duperial ocupando distintos cargos relacionados con seguridad industrial y relaciones públicas.
          En 1962 publicó la primera edición de “Historia de Cartuchería Orbea” y una segunda edición actualizada apareció en 1966.
          Incursionó en el periodismo a través de “Auto Club” donde escribió sobre caza y pesca deportivas a mediados de los 70. Dijo adiós un 23 de diciembre, a los 77 años.
         Este escrito en prosa me lo dejó unos días antes de morir. Lo observé en silencio, entre sorprendido y felíz, mientras evocaba hechos, nombres y escribía, tal como hoy lo publico : de corrido y sin cambiarle ni un punto, ni una coma.
         Lo vi llorar de emoción porque intuía que su vela se apagaba. Porque se le había hecho “muy larga la vida”, como me decía por aquellos días, pero se aferraba a esos recuerdos de su juventud como al pasamanos del bondi, mientras viajaba en el estribo de la vida.   
 

Memorias Futboleras
 

“...una pelota apasionada,
rotosa o a estrenar, pero argentina
rodando para siempre por mi canto
se dejará besar, seguirá andando...”
 (La marcha de la pelota. Alejandro Del Prado)


            Mi primer recuerdo futbolero se fija en la cancha de Adrogué Foot-ball Club entre los años 1925  y 1927. Un alambrado romboidal circundaba la cancha cubierto en todo su perímetro con bolsas de arpillera cortadas y extendidas. Con ese arbitrio evitaban que el público viera el partido desde el exterior.  No recuerdo otro detalle. Yo tenía entre 5 y 7 años. El día de este acontecimiento con mi papá, mi mamá y mis hermanos fuimos a visitar a una tía que vivía frente al  hospital “Lucio Meléndez” -frente sur-.


            Otro recuerdo posterior está integrado por una “Nº 5” que le regalaron a Roberto, mi hermano. “Es de badana”, decían algunos pibes de la barra, los eternos detractores. La badana es una  piel curtida de carnero que, por supuesto no resistía el trato violento propio de un partido de  fútbol. Las de uso reglamentario eran de cuero de vaca curtido cosido en gajos. Tenían una cámara de goma (en inglés el “blade”).  Era una pequeña bolsa con un pico por donde se la inflaba. Había infladores especiales, pero se empleaba con ese fin los de automóviles o bicicletas ya que los neumáticos de estos vehículos, que hoy son sellados, en aquella época estaban también compuestos por una cámara inflable y una cubierta.

            Una pelota igual que ésta se encontraba expuesta en un negocio de la calle Callao, entre Tucumán y Viamonte junto a unos zapatitos infantiles de fútbol que habían pertenecido a José Manuel Moreno.

            La cubierta de la pelota tenía una boca por la cual se introducía la cámara dejándose  fuera el pico para inflarla. La boca se cerraba con un tiento, también de cuero, mediante un pasatiento. Este a veces se zafaba al extraer el tiento hacia arriba y era causante de algunos pequeños accidentes; mi hermano se lastimó un ojo en una ocasión en la que él junto a otros “entendidos” no podían sacar un tiento. El “Melena” Wettlin, jugador del Club Atlético Temperley en los años treinta, perdió la visión de un ojo al intentar cabecear la pelota, cuyo tiento se había salido, golpeándolo igual que el azote de un látigo de carrero. Yo ví jugar a ese hombre, ya tuerto, en la cancha de Cultura. Era wing izquierdo.  

Enrique "Melena" Wettlin

             El futbol “institucionalizado” de José Mármol que guarda mi memoria comenzó con el glorioso Tornillo. Su origen se pierde en el tiempo... tal vez no queden ya quienes puedan dar fe de su fundación. Guillermo Mora, Beroco, Marcelo Bonini ya no están... Pienso que nació por generación espontánea.  Nosotros lo heredamos hacia 1930,  la sede,  la esquina de Rosales y Thorne, un almacén; los escaños, el cordón adoquinado de la vereda; la cancha, el potrero de Miguel Anoni.

            Recuerdo un partido desafío con Los Mil Colores, una “institución de zaparrastrosos”    -yo sé que se dice zarrapastroso siempre que no se refiera al fútbol- como nosotros. El origen del nombre respondía a que cada uno jugaba con la camiseta que podía conseguir...cualquier color cabía en el nombre. Tenían la cancha junto a la vía que llegaba a la estación Temperley, cerca de la Divisoria, lado Oeste. Los arcos eran cuatro palitos y el travesaño un cable.

            El réferi nos cobró un penal. Dos tipos -la barra brava no es invento actual, cuestión de nombre nada más- se apoyaron en los palitos de nuestro arco achicándolo, pero cuando el delantero pateó se retiraron tirando de los mismos agrandando el arco, maniobra que le permitió el travesaño elástico. No protestamos, si lo hubiéramos hecho nos jugábamos el cuero, y no el de la pelota... Pensamos reclamar ante la AFA pero todavía no se había creado.

            También jugábamos, trifulcas mediante, con Cinco Esquinas, otra entidad vecina, con sede en la esquina de Erézcano y Jorge, y cancha en un potrero sobre la calle Erézcano de donde los vecinos con frecuencia nos echaban.

            Un memorable partido fue el que jugaron las divisiones superiores de Tornillo y Plaza Bynon, equipo en donde fue arquero Paquito Llusá. Recuerdo entre los nuestros a Roberto Garritano. La cancha estaba situada en la calle Toll. No recuerdo bien en que momento del encuentro se apersonó un vecino esgrimiendo un bastón y vociferando que no podía dormir la siesta a raíz del ruído provocado por el nutrido público. El réferi, mientras salía por un agujero del alambrado, dió por terminado el cotejo por falta de garantías. Tiempo después el esfuerzo obtuvo sus frutos. No sé como, pero alcanzamos a tener once camisetas rojas -¡Independiente nos asista!- y como premio, once pibes vistiéndolas se presentan en el corso, tal vez en 1931.

            Tornillo se diluyó en el tiempo como una ilusión, tal vez no fue otra cosa, pero alguien lo afirmó en la realidad: ¡el Lolo Mazzei! Fue arquero de Brown, de Adrogué durante quince años. Fuerte, hábil y, sobre todo, un gran muchacho.

Brown en 1946. El arquero es "Lolo" Mazzei
                                                   
            Hablo aquí del fútbol de potrero...un baldío...una pelota...un picado eran suficiente y vital convocatoria de pibes y los que habían dejado de serlo. A ellos se sumaban -y copaban la acción varias veces- los que no olvidaron que lo habían sido, a pesar del tiempo inexorable. Entonces se producía un fenómeno insólito, en el picado convivían el padre, el hijo y en casos extremos el nieto.

            Si me obligaran a utilizar la sinonimia, con la que los que sólo hacen que saben llenan páginas del diccionario, diría remitiéndome a la palabra “potrero” según la Real Academia, lugar donde se cría el ganado...etc. ¡Mentirosos!. ¡Que los academicistas se agarren de la etimología que se les cante!, pero que no tiñan con distorciones el idioma, ese que no es de ellos. Apenas Kant podría ayudar algo al definir el espacio y decir que no existe en la realidad, sólo es lo que ponemos como trasfondo de lo que realizamos. Y eso tampoco.

            Potrero es un grupo de pibes, algunos zaparrastrosos, otros no tanto, pero arrimando, que con una voluntad increíble crean un mundo aparte entre tribunas de cemento o tablón,  poco importa, colmadas de gritos y banderas. Es la pebeta más linda del “cole” que aplaude el gol. Es el viejo cabrero, ahora felíz, por una vez aunque más no sea, con la atajada del hijo, ese vago que a veces “se hace la rata”. El potrero es el lienzo en el que cada pibe dibuja un sueño propio e irrepetible, que lo acompañará toda la vida. Ese que no borrará ni el laburo, ni el casorio, ni la cuota de la casita.  Ese pibe que patea descalzo y de puntín, como el Lolo, o ese que rompió las zapatillas nuevas...las de ir a la escuela...y “la vieja se chiva”.

            En la calle Thorne, entre Rosales y Piedrabuena -a media cuadra de la sede del Club Tornillo- un potrero se nos murió una tarde igual que una pelota desinflada. Lo compraron para construir un edificio enorme. Fue fácil desmontar los tablones... total estaban hechos de pura ilusión...lo que sí fue difícil volverse cabisbajos con la pelota debajo del brazo envuelta cuidadosamente como un perrito con frío.

            El primer potrero futbolero que me devuelve ahora la nostalgia es el que circundan las calles Saenz Peña, Robinson y Piedrabuena. Era un terreno rodeado de pocas casas lo que ocasionaba un problema por los frecuentes desvíos de la pelota.  Algunos se negaban a devolverla. Esto era nefasto para las finanzas, había que suspender las prácticas o “rascar” algún subsidio. Era un estadio reservado para mayores. Recuerdo que los tíos de Horacio, los Arín, Julio y Juancito y los Marlow, Perci y Tomy que estaban bajo bandera como conscriptos, jugaban con el uniforme puesto a veces...Ejemplo cabal del respeto a la ley. Allá por 1927 se produjo allí un desdichado accidente. Un pelotazo en el estómago causó la muerte de un muchacho de apellido Bilbao. Otro potrero en el que se desarrollaban grandes encuentros estaba situado en Piedrabuena y Onelli, entre dos líneas de casas. Este predio incluía una calle no habilitada que aumentaba el ancho del campo de juego. Entre los más conspicuos concurrentes se encontraban Don Manuel y sus hijos Toto, Arnol, Achín y Leopoldo; Juancito Logarzo, Esteban Mora (“Beroco”), Julio Arín, mi hermano Roberto y yo. Aquí los entreveros se resolvian con partidos entre equipos de grandes y chicos que a veces perdíamos por goleada.

            No recuerdo el destino de ese terreno ya que no volví aunque está a tiro de gomera de la casa vieja. Quizás lo ocupe un edificio lujoso, de grandes dimensiones, pero si de algo estoy seguro es que abajo, donde las raíces se prenden a los cimientos, la tierra guarda recuerdos, allí donde la igualdad es horizontalmente indiscutible siguen nuestras pisadas, muchas en alpargatas, dirigiéndose a esos cuatro montones de piedra, ropa o latas vacías, rumbo al gol.

 La casa vieja

            Había otro potrero-estadio en Bouchard y casi la vía en donde Roberto hizo de referí. Seguía de cerca el juego y procuraba que no se detuviera el tiempo, por eso corría siempre próximo a la pelota con el reloj en la mano (era un reloj de leontina pues aún no se había difundido el de pulsera). Seguramente aún guarda el silbato... era de metal blanco y tenía una soldadura de estaño hecha luego de una rotura. ¡Sin duda una pieza de colección!


Mi Tío Roberto en la época de su breve carrera en el "referato"
            Probablemente el último potrero de la zona fue el que estaba delimitado por Saenz Peña, Nother y las vías, ya que lo alcanzó la transición que fue del potrero a la cancha, con arcos de madera, marcas reglamentarias pintadas con cal y a veces red. En sus últimos tramos de baldío fue cancha auxiliar del Club Atlético Cultura. Allí recuerdo que Marcelo Bonini hizo un gol cabeceando la pelota con el “rancho” puesto.

            En ese potrero se armaban partidos entre muchachos mayores, sin la intervención de “ladillas”. Yo jugué allí pocas veces y siempre entre pibes. Los partidos más importantes eran los de la tarde, pues tratándose de personas mayores, casi todos trabajaban sujetos a horario. Salvo alguna trifulca menor -la vez que se agarraron a trompadas dos jugadores del mismo equipo porque uno de ellos consideraba incorrecta una jugada- los partidos eran tranquilos. Pero cuando Miguelucho, el hijo de Don Miguel, negaba la cancha ardía Troya. En el momento culminante de una acción se apersonó con un cuchillo, disponiendo el final del partido, rajamos todos por la calle Bynon, el Cholo llevaba la pelota, a la que había arrojado por sobre el alambrado para luego atesorarla como a un trofeo. Pero la maniobra no surtía efecto, al rato se reanudaba el encuentro.

            Otra vez la cosa fue más cruenta. En medio de un partido, cruzaba el potrero en diagonal Don Carmen Ceballos, el Pampa Ceballos. Este hombre -indio pampa- llevaba el apellido de Estanislao S. Zeballos quien en 1880 había recorrido la pampa trayéndolo desde allí a la “civilización”. Había sido vigilante y solía montar un “gateado” ensillado con un prolijo recado. Vestía traje, botas cortas, camisa y pañuelo corbata. En la referida oportunidad mientras cruzaba para cortar camino, un pelotazo le dió justo en la espalda; peló el fiyingo (1) como una luz... agarró la pelota y ante la sorpresa general nos mostró que la misma estaba compuesta de dos partes simétricas divisibles... Envainó el cuchillo y siguió andando, con el bamboleo que lo caracterizaba, el que había aprendido instintivamente allá en la toldería nativa.     
(1)  Lunfardo. Arma blanca

            Cuando se fundó el Club Cultura el potrero se convirtió en cancha auxiliar donde practicaban los pibes de la sexta, luego se loteó y adquirió lentamente su fisonomía actual, pero no terminó su destino futbolero. Se edificaron en ese lugar dos casas pertenecientes a la familia Gómez, que venían de Avellaneda, eran amigos del gran Antonio Sastre que vivió en la calle Bouchard y los visitaba asiduamente. Yo lo ví una vez practicando en la vereda. ¡Honor al potrero! Pedrito Gómez me contó que Sastre tenía la capacidad pulmonar más alta de todos los futbolistas argentinos. 

Antonio Sastre
(Foto: futbolistasblogspotcom.blogspot.com)


            Otro potrero memorable estaba ubicado en la calle Mitre al 300. En un partido corrí por la línea de wing -así se decía entonces- cuando Alfonso quiso ponerme el pie, lo esquivé y mandé un centro habilitando a los que entraban a cabecear. No recuerdo el resultado, pero seguramente terminé como siempre a las piñas. Recuerdo, eso sí, la acción de la hinchada. La fecha era cercana al 24 de junio, día de San Juan. La costumbre era hacer una fogata a la noche. En un potrero, no futbolero, habían preparado una parva de cardo chileno seco. Arnol se acercó subrepticiamente y con un fósforo anticipó el festejo. Salió de la casa un tipo furioso preguntando a los gritos por qué hacía eso. Antes de emprender la retirada el Gordo dijo : “...y...señor...vivan San Juan y San Pedro”. 

Papá a los 20 años
                                                               
            Mi último partido lo jugué para Huracán de las Cinco Esquinas en el potrero de Talín, Erézcano, entre San Martín y Ramírez. Pantalón negro y zapatillas futboleras, es decir viejas, camiseta oficial con el globito y todo. Creo que ganamos. (Agustín Cusani, autor de “El centrofoward murió al amanecer” decía que a él siempre lo sacaban en andas, los contrarios).
            César Fernández Moreno describe casi fotográficamente la cancha, en un poema que titula “Club Atlético” :             

           “Es el menos atlético de los clubes atléticos
            Este club que denuncia aquel pobre letrero
            Dos arcos agobiados, llovidos, esqueléticos
            Se bostezan su tedio a través del potrero”.

            Para mí POTRERO debe escribirse con mayúsculas pues aún hoy impone su prosapia excelsa a cualquier cancha, por más tribunas de cemento que tenga.     
            Respecto del poema, si me fuera dable hacerle un agregado, copiaría un detalle visto en varias canchas de mi tiempo, y diría :
            “Unas carrocerías descarte de tranvía
            En un costado ancladas ofician de vestuario
            Completan el paisaje la gran melancolía
            De las casitas bajas del barrio proletario”.

            Mientras escribo esto vuelvo en mi memoria a un potrerito junto a la casa vieja en donde me pongo a patear con un pibe crecido que cumplió su promesa. Un jacarandá cercano asiste al partido, sus ramas son un torpe remedo de las manos que lo plantaron y que ahora quieren alcanzar la cabecita del pibe, y al mismo tiempo, tirarme algunas flores azules como el cielo “cachuzo de bolita”, al decir de Julián Centeya. Nunca entendí por qué el adiós se expresa con flores. 


  
Juan Antonio Ventieri

lunes, 17 de agosto de 2020

Combinado de Segunda división 1943

El combinado de la segunda división participó en un torneo nocturno y contó con el concurso de algunos valores de Temperley.    

                                                    a la memoria de Rafael Saralegui

 

                         El Combinado de Segunda División 1943

De pie: NN, J.J.Sosa, Soler, Coppoletti, Carboni, Lijó, J.A.González, Vacarezza, Ausili, Spina Sívori y Calocero (entrenador). Hincados: H.Flores, Prado, Agnolín, R.Rodríguez, Pisapia, Chiarini y Alfredo Alvarez.  


Mientras se disputaba el torneo nocturno rioplatense, el 14 de enero de 1943 se inició otro campeonato organizado por los clubes denominados "chicos". Este torneo contó con la participación del seleccionado de Segunda de Ascenso. 

Intervinieron Rosario Central -que se adjudicó invicto el torneo- Chacarita Juniors, Atlanta, Platense, Lanús, Gimnasia y Esgrima La Plata y Ferrocarril Oeste, además del seleccionado del ascenso.

Se puso en juego la Copa Archibaldo Goodfellow, en honor a un viejo dirigente de Platense.

Carlos Calocero fue el entrenador e integraron el plantel los siguientes jugadores:

Acassuso: Carboni y Mingone.

Almagro: Ausili, Juan Alberto González y Lizardo. 

All Boys: Chiarini, Pol y Spina Sívori.

Argentinos Jrs.: Lijó, Pisapia y Turello. 

Colegiales: Juan José Sosa.

Def. de Belgrano: Prado.

Dock Sud: Coppoletti, Roberto Rodríguez y José Suárez.

Excursionistas: Alfredo Alvarez, Rebutti y Soler. 

Temperley: Agnolín, Heriberto Flores y Vacarezza.

 

La campaña del Seleccionado fue la siguiente: 

miércoles 20 de enero de 1943  

Chacarita Juniors 2 Combinado 2

Chacarita: Rugilo; Aragüez y Angrisano; Fazio (Scriminacci), Blomberg y Liztherman; Zácaro, J.Barreiro (Villella), J.Rodrigo (Cassán), aurelio y R.Rodríguez.

Combinado: Mingone; Chiarini y J.A.González; Lizardo, Carboni (Lijó) y Alfredo Alvarez; Turello, Ausili, Agnolín, Roberto Rodríguez y Pisapia.

Goles: 39' Aurelio (Ch). 42' J.A.González (Co). 72' Turello (Co). 88' Aragüez (Ch).

Juez: J.Belazercovsky.

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domingo 24 de enero de 1943

Combinado 2 Atlanta 0 (cancha: Chacarita Jrs.)

Combinado: Mingone; Chiarini y J.A.González; Lizardo, Carboni y Alfredo Alvarez; Turello, Ausili (Prado), Spina Sívori (Agnolín), Roberto Rodríguez y Pisapia.    

Atlanta:  Carletti; Diana y Bedia; (Jovert); Bidont (Langone), Enrique Espinosa y F.Aguirre; Curto, Suriani (Zito), Pairoux, S.Rodríguez y F.García.

Goles: 15' y 53' Roberto Rodríguez (Co). 

Juez: P. Della Torre.

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miércoles 27 de enero de 1943

F.C.Oeste 6 Combinado 2  (cancha: Chacarita Juniors) 

Ferro: Marrero; Noceda (Méndez) y Pantanali; D.Morales (Díaz), J.Corvetto y Fariña; Nattino, Lijé, Delfín Benítez Cáceres, J.Pérez y Danza.

Combinado: Mingone (Vacarezza); Chiarini y J.A.González; Lizardo, Carboni y Alfredo Alvarez; Turello, Ausili, Agnolín, Roberto Rodríguez y Pisapia.  

Goles: 2' y 75' Lijé (F). 9' Carboni (Co). 12' Lizardo, en contra (F). 24' Benítez Cáceres (F). 33' Danza (F). 38' Lizardo (Co). 76' Díaz (F).

Juez: J.Cángaro.   

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domingo 31 de enero de 1943

Gimnasia y Esgrima 0 Combinado 0  (cancha: Estudiantes de La Plata)

Gimnasia: R.Muñiz; Tombell y Blanes; M.Sánchez, Scaroni y Enrique Cerioni; Gayol, B.Gordillo, M.Guzmán, A.Ceballos y G.Arregui.

Combinado: Vacarezza; Coppoletti y J.A.González; Lizardo, Carboni (Soler) y Alfredo Alvarez; Heriberto Flores, Ausili, Agnolín, Pol (Spina Sívori) y Pisapia.

Juez: H.Dottori.

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miércoles 3 de febrero de 1943

Combinado 6 Lanús 1  (cancha: Chacarita Jrs.)

Combinado: Vacarezza; Coppoletti y J.A.González; Lizardo, Carboni (Soler) y Alfredo Alvarez; Heriberto Flores, Prado, Agnolín (Spina Sívori), R.Rodríguez y Pisapia (José Suárez).

Lanús: Blazina; E.Alvarez y Duca; R.Carrera (Faccone), Strembel y J.Vilanova (R.Carrera); Belfiore, del Toro, Luis Arrieta, Casagrande (Roaccio) y Garcés.

Goles: 16' y 49' Agnolín (Co). 42' R.Carrera (L). 43', 46' y 75' R.Rodríguez (Co). 69' Duca, en contra (Co).

Juez: R.Riestra.

 

                    Vacarezza y Agnolín, figuras de Temperley

 

sábado 6 de febrero de 1943

Combinado 3 Platense 2  (cancha: Chacarita Jrs.)

Combinado: Vacarezza; Coppoletti y J.A.González; Lizardo, Carboni y Alfredo Alvarez (Juan José Sosa); Heriberto Flores, Guillermo Prado, Agnolín, R.Rodríguez y Pisapia.

Platense: M.A.López; J.Carvalho y Boero; Esperón, Toledo y Wergifker; Belén, Buján, Amiano (A.Carvalho), Juan S. Prado y Torielli.

Goles: 7', 69' y 78' Rodríguez (Co). 9' J.A.Prado (P). 53' A.Carvalho (P).

Juez : F.Ghinzo.

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sábado 20 de febrero de 1943

Rosario Central 2 Combinado 0

R.Central: Ricardo; Perucca y De Zorzi; Cazzalini, N.Fernández y Fogel; Yagich, de Cicco, J.Funes, A.Acevedo y J.Vilariño.

Combinado: Rebutti; Coppoletti y J.A.González; Lizardo, Carboni y Alfredo Alvarez; Heriberto Flores, Ausili, Agnolín (Soler), Prado y Pisapia.

Goles: 43' A.Acevedo (RC). 64' J.Vilariño (RC). 

Juez: V.Rey

 

Rosario Central se adjudicó el torneo invicto con 13 puntos, seguido por el Combinado de 2da. Div. y Platense (8 pts.), Gimnasia y Lanús (7 pts.), Chacarita (6 pts.), Ferro (4 pts.) y Altanta (3 pts.).

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 Combinado de Provincia de Segunda División

El domingo 10 de enero en cancha de Chacarita se jugó un amistoso entre dos combinados de la Segunda División de Ascenso. Uno formado por jugadores pertenecientes a clubes de la Capital Federal y otro a la Provincia de Buenos Aires. 

Para este encuentro Temperley cedió a Robustelli, Salomone, Agnolín, Flores y Donnola. Carmelo Garritano colaboró como masajista.

 

La nota tiene su origen en un mail enviado por Rafael Saralegui al foro del CIHF hace 15 años. Vaya mi homenaje para un gran amigo y maestro de periodistas.

Colaboración: Roberto Banchs y Javier Bava.

Datos estadísticos extraídos de Rec.Sport Soccer Statistics Foundation.

Historia del Club Atlético Temperley. Marcelo Ventieri

Departamento Histórico del Club Temperley y Museo Celeste.

miércoles, 17 de junio de 2020

Hermanos celestes

Igual que otras instituciones, el Club Temperley cumple con una regla no escrita: la de alistar en sus filas a una pareja de hermanos. La lista arranca en los tiempos remotos del viejo Centenario en el que jugaban los hermanos Domingo y Félix Paglia. Una nueva pareja de hermanos celestes engrosa la lista: Agustín y Franco Sosa.


Equipo que enfrentó a Vélez el 21 de abril de 2018 en el Beranger
(Foto Celecapo)


Los hermanos Sosa llevan cinco partidos integrando el equipo Celeste. El encuentro frente a Vélez fue el primero que los tuvo a los dos desde el arranque, aunque en el partido con Lanús jugaron juntos, por primera vez, Agustín desde el inicio del partido y Franco ingresando en la etapa complementaria. Leandro Sosa, el hermano mayor, integró el primer equipo de Temperley en 108 partidos, entre 2007 y 2014. 

Enrique, Germán y Ricardo Longhini fue otro terceto de hermanos que escribieron su historia en la primera celeste. Enrique lo hizo como zaguero entre 1930 y 1932. Ricardo (arquero) y Germán (puntero derecho) lo hicieron en 1936 y solo coincidieron en la goleada a Estudiantes por 5 a 1 en su vieja cancha de Villa Devoto, en el que Germán convirtió el quinto gol.

Mauro e Iván Macalik
(foto: Intercele)

Iván y Mauro Macalik jugaron por primera vez juntos, en Temperley, el 6 de septiembre de 2011 contra Armenio. Para el mayor de los hermanos fue una triple alegría ya que empató el partido sobre la hora y así festejó el nacimiento de su hijo Stéfano. Jugaron juntos en total ocho partidos en esa temporada.

 Facundo y Nahuel Martínez
 (foto: Gambeta)

Nahuel y Facundo Martínez compartieron el equipo celeste el 11 de diciembre de 2010, enfrentando a Sarmiento. Nahuel como titular y Facundo ingresando por Leandro Sosa. En total jugaron juntos cinco partidos. 

Juan La Chancha Perinetti fue uno de los artífices del ascenso a primera logrado en 1922. El  experimentado wing de 30 años, varias veces campeón con Racing, compartió algunos partidos en el ataque celeste con su hermano Natalio, que por aquel entonces tenía 21 y ya había asomado como El Galgo que brilló en La Academia y en la Selección Argentina. También jugaron en 1923, durante la primera temporada de Temperley en primera división.  

Allá lejos y en Turdera
Los hermanos Perinetti -primero y segundo desde la izquierda- 
comparten el retrato con Otín, Yuyito Salvetti y Federico. 

En 1926 Ernesto Sosa, centrohalf histórico de mil batallas amateurs, compartió la custodia de la media cancha con Fernando, su hermano menor, cuando éste debutó frente a Dock Sud y en el partido siguiente contra San Fernando.

Ernesto Sosa

Los hermanos Ribas -Dámaso, delantero y Rosendo, mediocampista- jugaron juntos en 1927 en tres partidos. También formaron en un mismo equipo de Argentino del Sud, club desaparecido de Avellaneda. En 1933 formaron parte del plantel de Temperley, pero no coincidieron en ningún partido.

Fausto y Remo Lucarelli integraron la delantera de Temperley en 1929 y 1930, año en el que la escuadra celeste volvió a coquetear con el ascenso al círculo superior. La primera vez que compartieron la gloriosa celeste fue en una goleada a Retiro, con tres goles convertidos por Fausto y el restante de Remo. También jugaron juntos en Banfield y el Club Sportivo y Social Buenos Aires.

Fausto y Remo Lucarelli

En la década del 30, Temperley tuvo dos parejas de hermanos en la primera división: Los Souza -Julio y Wenceslao- y los Suárez -Manuel y Rogelio-. Todos eran delanteros y solo Manuel y Rogelio Suárez convirtieron goles en el mismo partido.


El debut de Berrud
Juan Berrud debutó en la primera de Temperley el 14 de noviembre de 1942 compartiendo la zaga con Marcelo, su hermano, quien volvió a integrar el primer equipo el sábado siguiente. Ese fue el último partido de Marcelo Berrud en Temperley, mientras que su hermano menor iniciaba una extensa y exitosa carrera.

Juan Berrud, símbolo de Temperley

Otras parejas de hermanos celestes fueron las integradas por Osvaldo y Ricardo Riu -jugaron un partido en 1948-, César y Héctor García -1948/1949- y Rubén y Walter Nario -jugaron un partido en 1957-.

Los hermanos Escos atienden en el Beranger
Debutaron en temporadas diferentes, pero Temperley los juntó en 1967 cuando Panchito volvía de Estudiantes y Alejo ya andaba haciendo de las suyas en el Cele. Contribuyeron con un tanto cada uno en la goleada por 6 a 2 ante Central Córdoba.

Alejo y Francisco Escos

Eduardo Janín compartió equipo junto a su hermano Juan Carlos en dos partidos de 1969. Al año siguiente Eduardo pasó a Comunicaciones y se enfrentó con su hermano que seguía en Temperley.

Eduardo V. Janín

Los hermanos Flotta -Rubén y Serafín- jugaron en Temperley en distintas temporadas. Rubén,  que además fue técnico años más tarde, lo hizo en 1971 y Serafín jugó en 1978.
Lo mismo ocurrió con los hermanos Franchini. Claudio jugó entre 1985 y 1987 y Marcelo de 1988 a 1991.


Los hermanos Velázquez -Luis Rolando y Angel Ramón- jugaron en Temperley en distintas temporadas.


El Pájaro y el Pitu Cejas
El 23 de febrero de 2003 Mauro Cejas debutó en Temperley en el partido en el que la escuadra celeste derrotó a Argentino de Rosario por 4 a 2. El Pitu ingresó por el Turco Ismail y convirtió el cuarto gol. En el mismo encuentro, su hermano Guillermo también convirtió un tanto. Habían pasado 36 años de un hecho similar cuando los hermanos Escos habían jugado y marcado goles en el mismo partido. 

Una de las últimas parejas de hermanos que coincidieron en Temperley fue la constituída por los Medina, Gabriel del Valle y Diego Hernán quienes jugaron un partido en el Beranger frente a Defensores de Cambaceres en el que Temperley ganó por 2 a 0.

Gabriel del Valle Medina

Los primos más famosos
Entre las parejas de primos que jugaron en Temperley se encuentran los Barba (Donaldo y Rodolfo), los Valsecchi (Raúl y Roque) y los Carrera (Ernesto y Juan Carlos).
 

Historia del Club Atlético Temperley. Marcelo Ventieri
Colaboración de Adán Solian (www.celecapo.com.ar),
Hugo Delgado (Gambeta) y Daniel Remolina.
Gracias a Gabriel del Valle Medina  
(http://www.dtps.com.ar/medina/index.htm)



Diez años sin Ginarte


El 7 de junio se cumplieron diez años de la partida de Jorge Ginarte. A modo de sencillo homenaje, transcribo una anécdota que no pertenece a su paso por Temperley, pero que en mesas de café compartidas en el Bar Gandulfo, él mismo se divertía contándola cada vez que tenía oportunidad. Le di un estilo de cuento y la titulé "Tacto rectal".



Tacto rectal

         “El tacto rectal es una exploración médica útil para el diagnóstico o para la detección precoz de algunas patologías de la región pélvica. Consiste en la exploración de las estructuras anatómicas que forman el aparato genitourinario y digestivo inferior tanto de hombres como de mujeres, mediante la palpación digital realizada introduciendo un dedo a través del esfinter anal”.

         Los lectores se preguntarán que tiene que ver esta definición, extraída de un libro de medicina, con la historia del fútbol, más allá del uso que el humor criollo le ha dado en distintas oportunidades para graficar el triunfo de un equipo sobre otro. Lo que sigue es una anécdota que acabará con ese interrogante.

         Banfield y Los Andes jugaban una edición más del clásico sureño, en la cancha de Peña y Arenales. El trámite del partido era favorable al Taladro, que se había colocado arriba en el marcador con un gol convertido por Cazalbón. El dominio del local era casi absoluto. Los Andes se defendía con guapeza y esperaba una jugada salvadora que le permitiese soñar con un empate. En el último minuto del partido, el Milrayitas tiene un tiro libre a favor. Se ejecutó la pena con un centro al área. La pelota en el aire buscaba alguna cabeza que la impulsace o la rechazace. Varios jugadores saltan al unísono para impactar el balón. Uno de ellos es el Mono Obberti que alcanza el objetivo y convierte el gol. Detrás del delantero saltó Ginarte, defensor de Los Andes, quien terminó enredado en los piolines del arco contrario, de cara a la tribuna banfileña, gritando el gol en un loco festejo.

         Detrás del arco vencido, un pibe mascullaba bronca. Durante mucho tiempo recordó ese punto perdido sobre la hora y el rostro del defensor lomense festejando lo que unos instantes previos era una derrota segura.

         El pibe creció y se recibió de médico. Decidió que su especialidad sería la urología. Muchos años pasaron hasta que el destino quiso que Jorge Ginarte fuese paciente del Dr. Héctor Marchetta. La consulta médica dejó paso a la práctica imprescindible que el urólogo debe realizar a sus pacientes: el tacto rectal. Mientras el galeno procede con la técnica descripta al comienzo de la nota, exclama:

- ¿Te acordás de aquel partido que nos empataron sobre la hora?
  ¿Sabés cuánto hace que te estaba esperando?           

         Para Ginarte se sucedieron las imágenes como en una película: la cancha, las tribunas repletas de gente, la pelota volando hacia la red, el grito de gol viajando en el tiempo, mientras el recio tiempista permanecía quieto, de espaldas a su examinador, quien lo estaba dejando sin invicto.

         Cosas del fútbol y de la vida.

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El escritor y periodista Carlos Algeri -quien lo entrevistó hace unos años- así lo recuerda:

"El día que hablé con Ginarte recuerdo que él estaba feliz porque esas entrevistas, por definición, excedían el tema del fútbol. Me habló de su gusto por las rancheras mexicanas, se sacó fotos con su hija pequeña. Me abrió las puertas de su casa cerca del Parque de Lomas con una humildad y generosidad que no olvidaré. Supongo que por dos motivos: porque era un gran tipo, y porque de movida le manifesté mi fanatismo celeste.
¿Podés creer que, a partir de ese día, cada vez que me cruzaba en una cancha, Ginarte me saludaba con un apretón de manos o una sonrisa a la distancia? ¡Qué bárbaro!
Cuentan que cuando Los Andes ascendió a la A en el 2000 y en el vestuario los jugadores cantaron contra nuestro club, les pidió que se callaran. "Con Temperley, no", habría dicho el querido Gordo. Un jugador, un entrenador y un tipo de los que cada día quedan menos.


lunes, 18 de mayo de 2020

Un recuerdo literario para Alejo Escos

 


Instantáneas
Foto 1
Alejo Escos cruza la mitad de la cancha con el balón pegado a la zurda más habilidosa del Club. Lleva la cabeza en alto. El viento cruza la cancha desde la av. 9 de Julio hacia el ferrocarril. La melena rubia del 10 de Temperley vuela libre. Alejo mueve la cabeza buscando un hueco, levanta los brazos indicando movimientos a sus compañeros. Ellos saben que miente, que se llevara la pelota y la marca por medio de una gambeta.
Escos, que es medio chueco, se mete casi al trote en campo visitante. Dos jugadores de Boca Juniors, que por primara vez pisan el Beranger, lo enfrentan. El diez celeste se frena, pone la zurda sobre el balón y detiene el movimiento del cuerpo y de la pelota. El estadio por completo queda en silencio. La camiseta celeste desafía al gigante azul y oro sin moverse, como si fuera una bandera atada al mástil. Alejo, parado frente a sus rivales, inclina el cuerpo hacia el piso y lleva sus dos manos a la pierna izquierda. ¿Un tirón? Los bosteros se miran. Quedan paralizados. El público entra en estado de coma. Nadie entiende que se propone “el loco”. Alejo se acomoda el elástico que sujeta el algodón estirado de su media y mueve sin aviso el botín para atrás y para adelante, gira sobre su cuerpo y pica dos metros sobre la derecha.
El estadio de Temperley estalla. Su nombre suena en miles de gargantas como un grito de guerra. El alambrado perimetral tiembla . Nicolau, el 2 histórico de Boca, corre hacia el volante celeste con la pierna en alto. Va dispuesto a quebrarlo. Alejo tira el cuerpo a la derecha, saca un centro para Corbalán y deja pasar al defensa contrario como si estuviera en una plaza de toros. Unos metros a la izquierda el negro para el balón con el pecho y encara hacia la línea de fondo. El diez, sabe que ya nadie lo mira, agacha la cabeza y sonríe. 





Foto 2
Escos está sentado con las piernas estiradas. Tiene el torso desnudo, el cuerpo transpirado y la cara marcada por el sol del sábado a media tarde. En el vestuario aún hay olor a aceite de alcanfor. Alejo escucha sobre su cabeza como retumban los golpes de los saltos enardecidos de la hinchada en el hormigón. Están saltando sobre él para que él los escuche. Metido en el vestuario puede adivinar los insultos. Siempre son los mismos. Él no sabe que el árbitro le sacó la tarjeta roja después de que abandonó el partido y bajó a los vestuarios por el túnel. Tampoco le importa.
En el vestuario, casi vacío, el utilero junta vendas y botines. Feliciano Perduca lo mira en silencio, lo conoce de chico. Lo vio cuando debutó en las inferiores. Don Feliciano se le acerca. Lo mira. No le habla. Alejo detiene sus ojos sobre el viejo y le confiesa: Les tiré la camiseta. Me tenían podrido. Que se la metan en el culo.
Perduca, única medalla Olímpica en Amsterdam del 28 que vistió la celeste, conoce de olvidos. Sabe que la hinchada de Temperley gritará su nombre el próximo sábado. Se prende un pucho y le convida. Fuman en silencio. El viejo se para, lo mira y le dice: ¿Pibe te abro la ducha?






Foto 3
La foto congeló los gritos de la tribuna, las palabras que tenía que decir y las que escuché. La foto congeló el estadio de Temperley en una tarde de otoño apenas fría. Alejo Escos lleva puesto una campera de cuero marrón, pantalones de botamanga ancha y zapatos de tacos altos. Yo tengo pantalones cortos y medias blancas, campera azul y botines Fulvence nuevos. La foto es obra de un empleado del Diario La Unión de Lomas de Zamora. En el fondo se ve la tribuna visitante, los galpones del ferrocarril. Incluso se pueden divisar a los colados que se preparan para ver el partido desde el techo del galpón vecino.
Alejo Escos, apenas inclinado hacía adelante, observa la plaqueta que acabo de entregarle. Yo estoy duro como una piedra. Feliz. Mi padre está sentado en la platea. Orgulloso. Lo digo hoy, treinta y cinco años después de aquel otoño. Lo digo hoy que aún estamos todos. 
Alfredo Fonticelli

Alfredo Fonticelli (periodista, escritor, arquitecto) es el autor de este texto mezcla de ficción y realidad. En "Instantáneas" homenajea al crack Alejo Escos con tres recuerdos indelebles.
En la primera de las historias, hace foco en un partido muy festejado -jugado en cancha de Independiente-
y ubica a nuestro héroe, deliberadamente, en el Estadio Beranger. Asimismo, el autor rememora su pasado de "microbio" celeste.




Fonticelli nació en Temperley y está radicado en Montevideo, Uruguay. Autor de "Migraña", "Vidrios", "Encrucijada de almas, un tríptico" y "Caireles", ganadora de los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura, edición 2008 (de la vecina orilla estamos hablando ...). Recibió varios premios y menciones en el Premio Anual de Literatura (2077/8) por su obra editada e inédita. Es conductor de "La Isla Desierta" en Radio Uruguay AM 1050, desde octubre de 2011. Integrante del proyecto "Arquitecturas del este", Premio F. C. Creador de la Guía Benedetti de Montevideo, 2011, declarada de interés Cultural y Turístico nacional. 


Historia del Club Atlético Temperley. Marcelo Ventieri