domingo, 20 de agosto de 2017

Partidos celestes: 1972, Temperley 1 Los Andes 0

En 1972 Alejo Escos jugaba para Los Andes, pero no fue de la partida en ese clásico aunque estuvo en el Beranger y fue agasajado. La foto que ilustra esta parte de la síntesis guarda una hermosa historia.



El escritor y periodista Alfredo Fonticelli nos regala un hermoso texto exclusivo para este blog. En "Instantáneas", homenajea al crack Alejo Escos con tres recuerdos indelebles.
En la primera de las historias, hace foco en un partido muy festejado -jugado en cancha de Independiente-
y ubica a nuestro héroe, deliberadamente, en el Estadio Beranger. Asimismo, el autor rememora su pasado de "microbio" celeste.

Fonticelli nació en Temperley y está radicado en Montevideo, Uruguay. Autor de "Migraña", "Vidrios", "Encrucijada de almas, un tríptico" y "Caireles", ganadora de los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura, edición 2008 (de la vecina orilla estamos hablando ...).
  




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Instantáneas
Foto 1
Alejo Escos cruza la mitad de la cancha con el balón pegado a la zurda más habilidosa del Club. Lleva la cabeza en alto. El viento cruza la cancha desde la av. 9 de Julio hacia el ferrocarril. La melena rubia del 10 de Temperley vuela libre. Alejo mueve la cabeza buscando un hueco, levanta los brazos indicando movimientos a sus compañeros. Ellos saben que miente, que se llevara la pelota y la marca por medio de una gambeta.
Escos, que es medio chueco, se mete casi al trote en campo visitante. Dos jugadores de Boca Juniors, que por primara vez pisan el Beranger, lo enfrentan. El diez celeste se frena, pone la zurda sobre el balón y detiene el movimiento del cuerpo y de la pelota. El estadio por completo queda en silencio. La camiseta celeste desafía al gigante azul y oro sin moverse, como si fuera una bandera atada al mástil. Alejo, parado frente a sus rivales, inclina el cuerpo hacia el piso y lleva sus dos manos a la pierna izquierda. ¿Un tirón? Los bosteros se miran. Quedan paralizados. El público entra en estado de coma. Nadie entiende que se propone “el loco”. Alejo se acomoda el elástico que sujeta el algodón estirado de su media y mueve sin aviso el botín para atrás y para adelante, gira sobre su cuerpo y pica dos metros sobre la derecha.
El estadio de Temperley estalla. Su nombre suena en miles de gargantas como un grito de guerra. El alambrado perimetral tiembla . Nicolau, el 2 histórico de Boca, corre hacia el volante celeste con la pierna en alto. Va dispuesto a quebrarlo. Alejo tira el cuerpo a la derecha, saca un centro para Corbalán y deja pasar al defensa contrario como si estuviera en una plaza de toros. Unos metros a la izquierda el negro para el balón con el pecho y encara hacia la línea de fondo. El diez, sabe que ya nadie lo mira, agacha la cabeza y sonríe. 




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Foto 2
Escos está sentado con las piernas estiradas. Tiene el torso desnudo, el cuerpo transpirado y la cara marcada por el sol del sábado a media tarde. En el vestuario aún hay olor a aceite de alcanfor. Alejo escucha sobre su cabeza como retumban los golpes de los saltos enardecidos de la hinchada en el hormigón. Están saltando sobre él para que él los escuche. Metido en el vestuario puede adivinar los insultos. Siempre son los mismos. Él no sabe que el árbitro le sacó la tarjeta roja después de que abandonó el partido y bajó a los vestuarios por el túnel. Tampoco le importa.
En el vestuario, casi vacío, el utilero junta vendas y botines. Feliciano Perduca lo mira en silencio, lo conoce de chico. Lo vio cuando debutó en las inferiores. Don Feliciano se le acerca. Lo mira. No le habla. Alejo detiene sus ojos sobre el viejo y le confiesa: Les tiré la camiseta. Me tenían podrido. Que se la metan en el culo.
Perduca, única medalla Olímpica en Amsterdam del 28 que vistió la celeste, conoce de olvidos. Sabe que la hinchada de Temperley gritará su nombre el próximo sábado. Se prende un pucho y le convida. Fuman en silencio. El viejo se para, lo mira y le dice: ¿Pibe te abro la ducha?





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Foto 3
La foto congeló los gritos de la tribuna, las palabras que tenía que decir y las que escuché. La foto congeló el estadio de Temperley en una tarde de otoño apenas fría. Alejo Escos lleva puesto una campera de cuero marrón, pantalones de botamanga ancha y zapatos de tacos altos. Yo tengo pantalones cortos y medias blancas, campera azul y botines Fulvence nuevos. La foto es obra de un empleado del Diario La Unión de Lomas de Zamora. En el fondo se ve la tribuna visitante, los galpones del ferrocarril. Incluso se pueden divisar a los colados que se preparan para ver el partido desde el techo del galpón vecino.
Alejo Escos, apenas inclinado hacía adelante, observa la plaqueta que acabo de entregarle. Yo estoy duro como una piedra. Feliz. Mi padre está sentado en la platea. Orgulloso. Lo digo hoy, treinta y cinco años después de aquel otoño. Lo digo hoy que aún estamos todos.



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Alfredo Fonticelli

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