domingo, 12 de marzo de 2017

Entrenamiento


Los campeones del 74




          _ “Biondi ¿Usted va a jugar?”


Ginarte le preguntó a Mariano que estaba de pantalón corto y de zapatillas azules, tipo Flecha, sin medias. Tenía 13 años y era la primera vez que entraba al campo de juego y veía de cerca a los players de mi querido Celeste.



          Un entrenamiento era la cita que iniciaba en febrero la temporada futbolística de ese año. Un año especial, 1974 (ustedes entienden). 



          No sé ni cómo nos habían dejado entrar, debería ser por la informalidad de la cosa. Eramos una veintena de pibes debajo del arco que daba a la Nueve de Julio, que tratábamos de atajarle un remate al siempre risueño Negro Corbalán. Palo, travesaño o adentro, ninguna fue a la tribuna.



          Hasta nos dejaron quedarnos para presenciar un picado en mitad de cancha que incluía a Guillermo Beccari, el médico del plantel. Todo un despliegue de técnica y táctica fue esa práctica, reflejado en los diálogos de los protagonistas.



          _ “Ruso, la puta madre” la Chacha Fernández le pedía el balón a Alejo, según las precisas indicaciones señaladas por el entrenador.



          _ “Tomá hijo de puta” respondía Escos con un cambio de frente.



          En un costado de la cancha una manguera inundaba de agua un lamparón de tierra que sobresalía del verde cesped. Justo ahí fue a parar con su generosa humanidad el Tano Torre embarrándose hasta el apellido.



          _ “No se fue la pelota, preguntale al doctor”, fue la queja de Patti. Mientras Alejo le recriminaba a Mercuri por un gol convertido en contra de su equipo, que no se lo habían hecho al Tano porque jugaba en el medio. Los arqueros del mini-partido eran dos pibes.



          _ “¿Cuánto vamos, 5 a 2?”



          _ “¡No, 4 a 3!”. Y siga el show.



          Un mediodía caluroso con el comienzo de clases un tanto lejano aún y la ilusión renovada de un ascenso postergado por décadas. Tener tan cerca a esas figuras quizás era un buen presagio.



          Me pasaron algunos años por encima  y varios cachetazos de la vida hasta comprender que no eran dioses del olimpo futbolero, sino simples mortales que laburaban de futbolistas y que trataban de sobrevivir como cualquier persona. A veces autosuficientes como gladiadores, a veces vulnerables como chicos sin hogar.



          Para los que nunca soñamos con atajar un penal decisivo ni marcar un gol de media cancha, tenemos la oportunidad de contar y plasmar en el papel lo que otros sí lograron. Haciendo una síntesis de la historia con todo lo bueno y lo amargo, pero manteniendo la ilusión de un presente esperanzador y un mañana venturoso.



          _ “¡Pibe! ¿Usted va a jugar?”



          _ “No, Don Jorge”. “Mejor me quedo mirando a los que juegan”.



Marcelo Ventieri. Historia del Club Atlético Temperley


1 comentario:

Héctor Daniel Pérez dijo...

Que maravilla de relato, Marcelo! ... con la simplicidad y la emoción de un tiempo que añoramos, y sin embargo está tan presente, como que jamás se ha ido.
Ojalá el "gasolero" tenga una excelente segunda rueda y logre gambetear la malaria ... así como Biondi gambeteaba rivales.
Ese Biondi que aquel dia no jugó, pero que siempre juega en el recuerdo de los futboleros de verdad, tengan el color que tengan.
Un abrazo!