martes, 7 de junio de 2011

Un año sin Ginarte


Hoy se cumple un año de la partida de Jorge Ginarte. A modo de sencillo homenaje, transcribo una anécdota que no pertenece a su paso por Temperley, pero que en mesas de café compartidas en el Bar Gandulfo, él mismo se divertía contándola cada vez que tenía oportunidad. Le di un estilo de cuento y la titulé "Tacto rectal".


Tacto rectal

         “El tacto rectal es una exploración médica útil para el diagnóstico o para la detección precoz de algunas patologías de la región pélvica. Consiste en la exploración de las estructuras anatómicas que forman el aparato genitourinario y digestivo inferior tanto de hombres como de mujeres, mediante la palpación digital realizada introduciendo un dedo a través del esfinter anal”.

         Los lectores se preguntarán que tiene que ver esta definición, extraída de un libro de medicina, con la historia del fútbol, más allá del uso que el humor criollo le ha dado en distintas oportunidades para graficar el triunfo de un equipo sobre otro. Lo que sigue es una anécdota que acabará con ese interrogante.

         Banfield y Los Andes jugaban una edición más del clásico sureño, en la cancha de Peña y Arenales. El trámite del partido era favorable al Taladro, que se había colocado arriba en el marcador con un gol convertido por Cazalbón. El dominio del local era casi absoluto. Los Andes se defendía con guapeza y esperaba una jugada salvadora que le permitiese soñar con un empate. En el último minuto del partido, el Milrayitas tiene un tiro libre a favor. Se ejecutó la pena con un centro al área. La pelota en el aire buscaba alguna cabeza que la impulsace o la rechazace. Varios jugadores saltan al unísono para impactar el balón. Uno de ellos es el Mono Obberti que alcanza el objetivo y convierte el gol. Detrás del delantero saltó Ginarte, defensor de Los Andes, quien terminó enredado en los piolines del arco contrario, de cara a la tribuna banfileña, gritando el gol en un loco festejo.

         Detrás del arco vencido, un pibe mascullaba bronca. Durante mucho tiempo recordó ese punto perdido sobre la hora y el rostro del defensor lomense festejando lo que unos instantes previos era una derrota segura.

         El pibe creció y se recibió de médico. Decidió que su especialidad sería la urología. Muchos años pasaron hasta que el destino quiso que Jorge Ginarte fuese paciente del Dr. Héctor Marchetta. La consulta médica dejó paso a la práctica imprescindible que el urólogo debe realizar a sus pacientes: el tacto rectal. Mientras el galeno procede con la técnica descripta al comienzo de la nota, exclama:

- ¿Te acordás de aquel partido que nos empataron sobre la hora?
  ¿Sabés cuánto hace que te estaba esperando?           

         Para Ginarte se sucedieron las imágenes como en una película: la cancha, las tribunas repletas de gente, la pelota volando hacia la red, el grito de gol viajando en el tiempo, mientras el recio tiempista permanecía quieto, de espaldas a su examinador, quien lo estaba dejando sin invicto.

         Cosas del fútbol y de la vida.

 .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El escritor y periodista Carlos Algeri -quien lo entrevistó hace unos años- así lo recuerda:

"El día que hablé con Ginarte recuerdo que él estaba feliz porque esas entrevistas, por definición, excedían el tema del fútbol. Me habló de su gusto por las rancheras mexicanas, se sacó fotos con su hija pequeña. Me abrió las puertas de su casa cerca del Parque de Lomas con una humildad y generosidad que no olvidaré. Supongo que por dos motivos: porque era un gran tipo, y porque de movida le manifesté mi fanatismo celeste.
¿Podés creer que, a partir de ese día, cada vez que me cruzaba en una cancha, Ginarte me saludaba con un apretón de manos o una sonrisa a la distancia? ¡Qué bárbaro!
Cuentan que cuando Los Andes ascendió a la A en el 2000 y en el vestuario los jugadores cantaron contra nuestro club, les pidió que se callaran. "Con Temperley, no", habría dicho el querido Gordo. Un jugador, un entrenador y un tipo de los que cada día quedan menos.


No hay comentarios: